Los edificios, cuando cumplen una determinada edad, empiezan a manifestar signos claramente visibles de envejecimiento que pueden ocasionar problemas de habitabilidad y seguridad en los mismos, a parte del descenso que implica este deterioro en el valor de mercado del mismo. Estos daños se pueden manifestar de muchas maneras, ya sea grietas y fisuras, movimientos y desplomes del edificio, manchas de humedad, corrosión en tuberías,...
No son problemas irresolubles, pero en casos de extrema gravedad de la lesión, requieren de la actuación de técnicos cualificados que sepan:
- Dar la respuesta técnica adecuada al problema planteado.
- Encontrar los productos adecuados para aplicar en cada caso.
- Coordinar a la empresa encargada de ejecutar los trabajos.
- Buscar posibles subvenciones para ayudar al propietario a financiar la obra.
- Realizar el seguimiento de la obra hasta el final.
- Hacer las pruebas pertinentes para comprobarque el problema ha desaparecido.
- Y sobre todo, velar continuamente por los intereses de la propiedad.