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abrir un hueco en un muro cargaAbrir un hueco en un muro de carga, o agrandar uno existente, es una operación habitual durante la rehabilitación de un edificio, pero no por ello exenta de riesgos. Hay que tener experiencia en este tipo de operaciones y tener muy claro como vamos a proceder para evitar que la intervención produzca daños en el edificio.

Se trata de una operación considerada de "obra mayor", por lo que requiere de un técnico competente (arquitecto o aparejador) que supervise la intervención. Va a ser necesario el permiso de la comunidad de propietarios, ya que intervenimos en un elemento estructural, y, por supuesto, la correspondiente licencia de obras en regla.

Vamos a exponer una manera de proceder de carácter general, que admite múltiples variaciones en función del tamaño de hueco que queramos abrir, el nº de plantas que tengamos encima, el espesor del muro, la posibilidad de realizar apeos o no y muchos otros condicionantes que justifican plenamente la intervención de un técnico que dirija y se responsabilice de la operación.

Repetimos: no intente esta operación sin la supervisión en obra de un técnico cualificado.

Los pasos a seguir serían los siguientes:

  1. Eliminar el revestimiento del muro, el falso techo en la franja de encuentro entre muro y forjado, y levantar el pavimento y los rellenos hasta llegar al forjado inferior: El objetivo es dejar a la vista la fábrica soporte que vamos a demoler, el forjado superior, de forma que veamos donde acometen las viguetas, y el forjado inferior.
  2. Realizar dos rozas verticales en el muro, en los límites del hueco que queramos abrir, donde alojaremos los pilares metálicos que van a soportar las cargas de la viga cargadero que vamos a insertar.
  3. Colocar las placas de anclaje de acero arriba y abajo de estas rozas verticales. Deben estar ancladas siempre sobre hormigón, nunca sobre bovedilla cerámica. En caso necesario, puede que haya que macizar algunas zonas del forjado o recrecer la capa de compresión del forjado inferior.
  4. Colocar los pilares de acero en las rozas verticales, soldándolos a las placas inferior y superior. Como probablemente el pilar tendrá menor dimensión que el ancho del muro, deberemos colocar unos angulares en la cabeza del pilar que nos permitan recoger las vigas cargadero. El pilar tendrá el tamaño que el cálculo determine.
  5. Colocar la primera viga cargadero, tipo UPN, apoyada sobre los angulares de la cabeza de los pilares. Soldarlas a los mismos. La cara superior de la viga debe estar contra las viguetas. Si quedara cualquier holgura, habría que retacarla con mortero sin retracción.
  6. Ejecutar taladros en el muro que nos permitan pasar unas pletinas de acero de lado a lado del muro para conectar las dos vigas UPN, tanto por la parte inferior como por la superior. En este último caso, deberemos romper bovedillas y, en su caso, romper el encadenado de hormigón que conecta los dos forjados.
  7. Colocar la segunda viga UPN de forma idéntica a la primera, soldándola a las pletinas de conexión que hemos dejado preparadas. Retacar la cara superior contra el forjado en caso necesario.
  8. En este momento, solo queda demoler el muro y dejar el hueco deseado abierto, y realizar los remates de acabado.

Como veis, esta manera de proceder no necesita apeos, ya que en ningún momento se debilita el muro con rozas horizontales. De todos modos, si el estado de conservación del edificio lo requiere, puede ser necesario realizar algún apeo de seguridad.

Este tipo de intervenciones pueden ocasionar la aparición de fisuras en el piso superior por una excesiva flecha de la nueva viga colocada, y en el inferior por la transmisión puntual de cargas bajo los pilares. Estas fisuras, si hemos hecho todo correctamente, no deberían ir a más, y con repasar los revestimientos y pintura debería ser suficiente para solucionarlas.

Todos los elementos estructurales que intervienen deben ser calculados por un técnico, dada la importancia de la obra, sería temerario dimensionarlos "a ojo", o trasladar las dimensiones de una obra a otra.

Como siempre, os invitamos a usar la sección de comentarios para exponer cualquier duda que tengáis con relación al tema aquí tratado. Intentaremos responderos lo antes posible.

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Ya hemos dicho en otras ocasiones que el agua es uno de los mayores enemigos de la correcta conservación de los edificios. Su acción va minando progresivamente la consistencia de los materiales y, si no es corregida a tiempo, puede acabar produciendo desprendimientos o males mayores.

Aquí os mostramos unas imágenes tomadas en recientes inspecciones en edificios de como la humedad puede atacar al aspecto más importante de un edificio, su estructura, aquél cuya misión es garantizar la estabilidad y solidez del edificio. Como podréis comprobar, ni hormigón, ni acero, ni madera se libran del desgaste que el agua puede producir en ellos.

ACERO

MADERA

HORMIGONComo siempre, os invitamos a usar la sección de comentarios para exponer cualquier duda que tengáis con relación al tema aquí tratado. Intentaremos responderos lo antes posible.

ite desfavorable estructura Se trata de todas aquellas lesiones que puedan afectar al sistema estructural (zapatas, muros, pilares, vigas, forjados) del edificio. Su carácter, de existir, sería bastante grave, ya que pueden comprometer la estabilidad parcial o global del edificio. Suelen darse principalmente en edificios de cierta antigüedad, y construidos con materiales y técnicas tradicionales, aunque también pueden aparecer en edificios más recientes.

Se puede dar el caso de que los elementos a inspeccionar se encuentren enterrados u ocultos bajo falsos techos o revestimientos de todo tipo. Por ello, muchas veces detectaremos estas lesiones no inspeccionando el elemento directamente sino viendo los síntomas que estas lesiones pueden producir: grietas, desplomes, flechas en forjados, giros, etc…

En general, cualquier deformación o rotura que podamos observar en los elementos estructurales del edificio debe ser motivo de ITE desfavorable, ya que es síntoma de una excesiva carga del elemento afectado.

En lo concerniente a la cimentación, una de las lesiones más frecuentes es que se produzca un asiento diferencial del edificio. Este fenómeno consiste en un descenso mayor de una parte del edificio con respecto a las demás, causado por una pérdida de resistencia del terreno o por un mayor deterioro de la cimentación en dicho punto. Se suele manifestar con la aparición de grietas diagonales en fachadas, muros de carga, o tabiques.

Los edificios que incluyen madera en su estructura, tanto en vigas y forjados como en entramados formando parte de los muros de carga, son especialmente delicados, ya que si han estado expuestos a la humedad, han podido desarrollar el ataque de agentes xilófagos (hongos, carcoma, termitas) que, literalmente, pueden llegar a destruir completamente las piezas afectadas. En estos casos, es crucial prestar especial importancia a las piezas situadas en cuartos húmedos (baños, cocinas), ya que han podido estar sometidas a diversas fugas de las redes de fontanería y saneamiento a lo largo de los años, que han podido minar considerablemente su resistencia. En estos casos, es muy recomendable practicar catas en los falsos techos para comprobar directamente el estado de las piezas de madera. Lamentablemente, no siempre se consigue autorización del propietario de la vivienda para poder realizar estas catas.

Lo anteriormente expuesto puede aplicarse igualmente a edificios construidos con estructura de acero, ya que el agua puede desencadenar un proceso de corrosión que vaya desgastando paulatinamente la capacidad resistente del elemento afectado.

Los muros de carga o contención pueden verse también afectados por procesos de erosión física o química, sobre todo si están en contacto directo con la humedad. En los casos en que están construidos con ladrillo, este proceso puede desencadenar la arenización del mortero de las juntas, dejándolo en un estado en que resulta fácilmente disgregable con el dedo, o de exfoliación de los ladrillos, de forma que se desprenda fácilmente la cara exterior de los mismos.

Las estructuras de hormigón armado presentan un proceso patológico propio, que es el de carbonatación del hormigón. Se trata de un proceso químico por el cual el hormigón pierde su capacidad de protección de la armadura de acero, facilitando su oxidación. Este proceso acaba provocando unas grietas típicas en el elemento afectado de carácter longitudinal, siguiendo la línea del lugar que ocupan las armaduras.

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