Estas son las ayudas que se destinan para la rehabilitación de los edificios que no se encuentran en alguno de los ámbitos de rehabilitación integrada declarados como tal por la Consejería de Medio Ambiente, Vivienda y Ordenación del Territorio (Zona de Rehabilitación Integrada, Área de Rehabilitación Integrada o Área de Rehabilitación de Centro Histórico).

Las ayudas para la rehabilitación de edificios, pueden ser tanto en forma de subvenciones (la cuantía oscila entre el 10 y el 20% del presupuesto protegido) o préstamos convenidos. En este último caso, se puede financiar hasta el 100% del presupuesto (a pagar en 15 años, con un período de carencia de hasta 3 años), y la  posibilidad de acceder a la subsidiación durante toda la vida del préstamo.

Los edificios deben contar con una superficie destinada a viviendas que supere el 50% de la superficie construida total, y una vez rehabilitadas deberán destinarse a residencia habitual o al alquiler durante un período mínimo de cinco años (con la misma limitación del cobro de la renta).

También se contemplan ayudas para edificios unifamiliares (que serán las que correspondan a la actuación predominante: alquiler, residencia habitual, etc.).

Para acceder a la ayuda, los requisitos generales que se han de cumplir para poder solicitar la ayuda son:

  • No estar incluido en un ámbito de rehabilitación integrada.

  • Vivienda o edificio con una antigüedad superior a 15 años (salvo para obras de supresión de barreras, adaptación a la normativa técnica aplicable o reducción del consumo energético).

  • Obtener licencia urbanística (para realizar las obras).

  • Garantizar la coherencia técnica y constructiva con su estado de conservación.

  • Que las obras no se inicien antes de la obtención de la Calificación Provisional (salvo excepciones).

  • Presupuesto mínimo: 6.000 euros.

Las obras (actuaciones), mejoras u otras intervenciones sobre viviendas que los Planes de Vivienda van a financiar y regular son:

  • Funcional: condiciones suficientes de acceso, estanqueidad frente a la lluvia y humedad, aislamiento térmico, redes generales de agua, gas, electricidad, telefonía, saneamiento, servicios generales y seguridad frente accidentes y siniestros.

  • Estructural: obras que proporcionen seguridad constructiva, de forma que se garantice la estabilidad, resistencia, firmeza y solidez (sobre muros, pilares, vigas o forjados).

  • Integral de edificio: obras que sean de adecuación estructural y/o funcional y mejora de habitabilidad de la vivienda.

  • Accesibilidad y supresión de barreras a personas con discapacidad o personas mayores de 65 años; instalación o mejora de: ascensores o adaptación de los mismos, rampas y otros dispositivos mecánicos de acceso, elementos de información que permitan la orientación en el uso de escaleras y ascensores.

  • Adaptación de las instalaciones a la normativa técnica aplicable.

  • Reducción del consumo energético en edificios: obras que contribuyan a la eficiencia energética, higiene, salud y protección del medio ambiente. Instalación de paneles solares; mejoras de la envolvente térmica del edificio; uso de energías renovables; mejora de instalaciones para suministros que ahorren agua.

Para obtener las ayudas a la rehabilitación hay que solicitar a la Consejería de Medio Ambiente, Vivienda y Ordenación del Territorio que la actuación a financiar sea calificada como tal. Además, la solicitud de la ayuda se presentará antes de iniciar las obras (salvo casos excepcionales).

El abono se realizará una vez finalizas las obras, aunque existe la posibilidad de que se conceda un anticipo del 50% con la calificación provisional.

En el caso de que las viviendas tuvieran que destinarse al arrendamiento y no lo estuvieran previamente, otorgada la Calificación Definitiva será necesario visar los contratos de arrendamiento (en un plazo máximo de 6 meses), para que se proceda al abono de la subvención.

Aquellas personas que realicen obras  de renovación y reparación en edificios o partes de los mismos destinados a viviendas, podrán beneficiarse de un tipo de IVA reducido al 8%.

En general, las obras de rehabilitación en un edificio o vivienda están sujetas al tipo general de IVA del 18%. No obstante, desde el 14 de abril de 2010 y hasta el 31 de diciembre de 2012, a las obras de rehabilitación que cumplan los requisitos previstos para ello, se les aplicará el tipo de IVA reducido del 8%.equisitos para aplicar el tipo reducido

Podrán beneficiarse del tipo de IVA reducido del 8% cuando se cumplan los siguientes requisitos:

  • Destinatarios: comunidades de propietarios o personas físicas, siempre que no actúen como empresarios o profesionales y utilicen la vivienda a la que se refieren las obras para su uso particular.

  • Inmueble: que la construcción o rehabilitación de la vivienda o edificio a los que se refieren las obras hayan concluido al menos 2 años antes del inicio de las obras con derecho al tipo de IVA reducido.

  • Materiales: que la persona que realice las obras no aporte materiales para su ejecución o, en el caso de que los aporte, su coste no exceda del 33 % de la base imponible de la operación.

  • Coste: que el coste total de las obras a que se refiera el proyecto sea mayor que el valor de mercado que tuviera la edificación o parte de la misma en el momento del inicio de las mismas, descontado el precio de adquisición o del valor de mercado de la edificación la parte proporcional correspondiente al suelo, o del 25% del precio de adquisición de la edificación si ésta se hubiese efectuado durante los 2 años inmediatamente anteriores al inicio de las obras de rehabilitación.

  • Obras: que más del 50% del coste total del proyecto de rehabilitación se destine a obras de consolidación o tratamiento de elementos estructurales, fachadas o cubiertas o a obras análogas o conexas a las de rehabilitación.

Las obras a las que se le aplica el IVA reducido son:

Obras de rehabilitación

  • Consolidación o tratamiento de elementos estructurales, fachadas o cubiertas.

Obras análogas a las de rehabilitación

  • Adecuación estructural que proporcione a la edificación condiciones de seguridad constructiva, de forma que quede garantizada su estabilidad y resistencia mecánica.

  • Refuerzo o adecuación de la cimentación, así como las que afecten o consistan en el tratamiento de pilares o forjados.

  • Ampliación de la superficie construida, sobre y bajo rasante.

  • Reconstrucción de fachadas y patios interiores.

  • Instalación de elementos elevadores, incluidos los destinados a salvar barreras arquitectónicas para su uso por discapacitados, como los ascensores.

Obras conexas a las de rehabilitación

Para poder aplicar el tipo reducido deben cumplir lo siguiente:

  1. Han de estar vinculadas de forma indisociable a las obras de consolidación o tratamiento de elementos estructurales, fachadas o cubiertas y, en su caso, de las obras análogas a éstas y que no consistan en el mero acabado u ornato de la edificación, ni en el simple mantenimiento o pintura de la fachada.

  2. Su coste total ha de ser inferior al de las obras de consolidación o tratamiento de elementos estructurales, fachadas o cubiertas y, en su caso, de las obras análogas a éstas.

A obras conexas a las de rehabilitación se refieren:

  • Albañilería, fontanería y carpintería.

  • Mejora y adecuación de cerramientos, instalaciones eléctricas, agua y climatización y protección contra incendios.

  • Rehabilitación energética, tales como:

    • Mejora del comportamiento energético de las edificaciones reduciendo su demanda energética.

    • Aumento del rendimiento de los sistemas e instalaciones térmicas.

    • Incorporación de los equipos que utilicen fuentes de energía renovables.

     

rehabilitar una casa

Rehabilitar quiere decir, según la Real Academia Española, restituir algo a su estado original. Tratándose de una vieja casa deshabitada, o en ruinas, hablaremos de rehabilitar cuando nuestro objetivo sea devolver a dicha construcción su apariencia y estado anterior, de forma que se le pueda volver a dar uso. ...continúa leyendo "Rehabilitar una casa deshabitada"

capilaridad

Una de las lesiones más frecuentes en edificios de cierta antigüedad son las humedades de capilaridad. Éstas consisten en la humedad del terreno que asciende a través de los poros de los materiales de construcción, hasta que entran en contacto con el ambiente exterior, evaporándose.

Su síntoma más característico es la humedad en la parte baja de los muros de plantas bajas y sótanos de los edificios.

Aparte de los problemas de salubridad y habitabilidad que esta lesión crea a las zonas afectadas, el tránsito de agua por el interior del muro va erosionando poco a poco tanto el mortero como el ladrillo, disgregándolo y disminuyendo su resistencia, lo que puede acabar provocando fallos estructurales del edificio.

Contrariamente a lo que se piensa, esta humedad no se soluciona colocando materiales impermeables sobre la pared, tales como enfoscados hidrófugos, pinturas impermeabnles, zócalos cerámicos o de plástico, etc...ya que de esta manera lo único que conseguimos es cortar el proceso de evaporación del agua, y que ésta llegue a aparecer en zonas todavía más altas del muro, afectando a mayor superficie del mismo.

Las técnicas más adecuadas para solucionar este problema son:

  • Aplicación de revestimientos macroporosos, a base de morteros especiales de mortero o de cal, que permiten la evaporación del agua sin disgregarse ni formar manchas. Es una opción barata, poco adecuada para espacios interiores a no ser que se produzca un aporte extra de ventilación, y no resuelve el problema del tránsito de agua por el interior del muro, por lo que la acción erosiva de la fábrica de ladrillo se sigue produciendo.
  • Drenaje: Se trata de alejar lo más posible el agua del muro afectado, mediante la construcción de una cuña drenante enterrada en la base del muro, ataguías, o pozos drenantes. No siempre es posible de ejecutar, y suele exigir una obra complicada.
  • Electroósmosis: El sistema tradicional consiste en la introducción de unas picas y unos conductores conectados a la red electrica que consiguen invertir el movimiento del agua, haciéndolo descendente en lugar de ascendente. En la actualidad ésto se puede conseguir por medio de ondas, por lo que no es necesario taladrar el muro. Es una solución completa y limpia, que no exige obra, pero sí un mantenimiento posterior.
  • Aireación por puntos: Consiste en la introducción de unos tubos perforados en la base del muro, que aumentan la superficie de ventilación del mismo favoreciendo así la salida del agua. Su principal incoventiente es el impacto visual que tiene sobre el muro.
  • Barreras impermables: Se trata de interponer una barrera que impida el ascenso del agua por nuestro elemento constructivo. Puede consistir en introducir una barrera física dentro del muro, o una barrera química a base de inyecciones de geles colmatadores de poros.

Como siempre, animaros a que expongais cualquier duda relativa a este tema en la sección de comentarios. Intentaremos darle respuesta lo antes posible.